Por Mauricio Jürgensen
La tapa fue otro de sus aciertos. La carátula del caset de la autoproducción, el de las mil copias que aparecieron sólo con la etiqueta Fusión y que hoy es considerado un objeto de culto. La primera carátula del disco más famoso del rock chileno también tenía una foto de Cristián Galáz que fue tomada en febrero de 1984 en la ya entonces abandonada ex fábrica de la CCU, que estaba emplazada en los mismos terrenos de avenida Santa María donde hoy se construye el edificio del Milenio. "Fue idea de Carlos (Fonseca) la locación", recuerda Galaz, hoy cineasta, y que en octubre de ese año haría una segunda sesión con Los Prisioneros, esta vez en el sector de La Vega Central y Patronato.
De esa segunda jornada salió la foto que sirvió para ilustrar la reedición de EMI (la de agosto de 1985) y que es la más recordada. Pero esa primera imagen quedó en la retina de Galaz y de los primeros seguidores del grupo. "Me gusta ese entorno medio destruido que rodea al grupo en esa foto", cuenta. "Yo era más viejo que ellos, tenía unos cinco o seis años más, y me parecía que el mejor concepto era esa cosa medio punk y nada glamorosa ni colorida, considerando que esa era la estética que se imponía en esa época de los 80. Esto es crudo y en blanco y negro. Muy 'Prisioneros'". Anécdota notable es el "photoshop de la época", como dice Fonseca, que hizo Galaz para la segunda foto, la de la carátula más conocida. Sobre los músicos hay un cartel que originalmente decía "fiambre" y que Galaz cambió por "hambre".